En este Live Event hablamos sobre uno de los temas más recurrentes cada vez que se acerca el verano: la búsqueda de resultados rápidos para perder peso y transformar el cuerpo. Analizamos por qué las dietas extremas, las restricciones y el exceso de exigencia suelen generar el efecto contrario al que buscamos, y cómo el estrés, los hábitos y la relación que tenemos con nosotras mismas influyen directamente en nuestra salud y composición corporal.
La conversación contó con la participación de la Dra. Valentina Stamati, médico funcional especializada en Psiconeuroinmunología (PNI) y autora del libro Regula tu estrés, encuentra tu equilibrio, y Susana Pacheco, coach de bienestar y creadora del método de neuro-reprogramación alimentaria. La sesión estuvo moderada por Adrià Martí, biotecnológo y healthy partnership manager en be levels.
Los momentos más importantes
El problema no es el verano, sino las prisas
Se puso sobre la mesa una realidad frecuente: muchas personas intentan compensar en pocas semanas hábitos descuidados durante meses. Dietas muy restrictivas, ayunos prolongados o entrenamientos excesivos pueden generar más estrés fisiológico y dificultar precisamente los resultados que se buscan.
El cortisol no es el enemigo
Valentina explicó que el cortisol es una hormona imprescindible para la vida. Participa en la regulación de la energía, la presión arterial, el sistema inmunitario y la capacidad de afrontar el día. El problema aparece cuando permanece elevado de forma crónica y pierde su ritmo natural.
El cortisol sigue un ritmo circadiano
En condiciones normales, el cortisol alcanza su punto más alto por la mañana para ayudarnos a activarnos y va disminuyendo progresivamente durante el día para permitir la producción de melatonina y el descanso nocturno. Cuando este ritmo se altera, aparecen síntomas como insomnio, fatiga o dificultades para perder peso.
Los estresores modernos están alterando nuestra fisiología
La exposición constante a pantallas, la luz artificial por la noche, la falta de descanso, la presión laboral o las dietas extremas fueron señalados como algunos de los principales factores que alteran el equilibrio hormonal y mantienen activado el estado de alerta del organismo.
El exceso de restricción puede jugar en contra
Se destacó que estrategias como los ayunos prolongados, las dietas muy bajas en calorías o la eliminación excesiva de hidratos de carbono no siempre son adecuadas. En determinados contextos pueden aumentar aún más el estrés fisiológico y dificultar la recuperación metabólica.
Estrés, inflamación y aumento de grasa abdominal
Cuando el cortisol permanece elevado durante largos periodos de tiempo, puede favorecer la resistencia a la insulina, aumentar la inflamación de bajo grado y facilitar la acumulación de grasa, especialmente en la zona abdominal.
El estrés también afecta a la digestión y al sistema inmune
La sesión abordó cómo el estrés sostenido altera la microbiota intestinal, empeora las digestiones, favorece la aparición de disbiosis y reduce la capacidad del organismo para recuperarse y mantener un sistema inmune equilibrado.
Dormir bien es una herramienta terapéutica
Se insistió en la importancia del sueño como regulador hormonal. Los despertares nocturnos frecuentes, el sueño superficial o la sensación de cansancio al despertar pueden ser señales de que el eje del estrés está alterado.
La luz natural por la mañana cambia más de lo que parece
Uno de los consejos más repetidos fue exponerse a la luz solar durante los primeros minutos del día. Este hábito ayuda a sincronizar los ritmos circadianos, mejorar la producción hormonal y favorecer un descanso de mayor calidad por la noche.
No basta con saber qué hacer: hay que entender por qué no lo hacemos
Susana puso el foco en una cuestión clave: muchas personas conocen perfectamente los hábitos que deberían seguir, pero no consiguen mantenerlos. El problema suele estar en la relación que tienen consigo mismas y en los patrones inconscientes que condicionan su comportamiento.
Autoconcepto, autoimagen y autoestima
Se explicó cómo la forma en que una persona se percibe influye directamente en sus decisiones diarias. La historia que nos contamos sobre quiénes somos puede convertirse en un factor determinante a la hora de sostener hábitos saludables o sabotear nuestros propios avances.
El cuerpo puede cambiar antes que la mente
Una reflexión interesante fue que muchas personas continúan viéndose igual incluso después de haber mejorado físicamente. La percepción interna necesita tiempo para adaptarse a los cambios y, si no se trabaja, puede convertirse en una fuente constante de frustración.
La “superwoman” moderna está agotada
Se habló de la carga física y mental que soportan muchas mujeres: trabajo, familia, responsabilidades, organización y cuidado de los demás. Este estado de exigencia constante dificulta la conexión con las propias necesidades y perpetúa el estrés crónico.
Muchas veces no comemos por hambre
Se destacó que la comida puede convertirse en una herramienta para gestionar emociones, estrés, cansancio o necesidad de desconexión. Comprender qué función cumple la alimentación en cada momento es fundamental para construir una relación más saludable con la comida.
La verdadera transformación empieza mucho antes de la dieta
El mensaje final fue claro: los resultados sostenibles no nacen de soluciones rápidas ni de la presión estética. Surgen de construir hábitos coherentes, reducir el estrés, cuidar el descanso y desarrollar una relación más amable con el propio cuerpo.
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