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La cúrcuma (Curcuma longa) es una raíz de la familia del jengibre. Su compuesto más conocido, la curcumina, lleva siglos usándose en la medicina ayurvédica. No es la fórmula mágica que a veces se vende en redes, pero tampoco es solo una especia de cocina: en los suplementos casi nunca va sola, se combina con otros ingredientes para compensar que se absorbe mal por sí misma y reforzar un objetivo concreto, como el equilibrio hormonal o la digestión.
Si buscas algo en concreto, aquí abajo hablamos de qué es la curcumina, por qué se combina con otros ingredientes, qué dice la evidencia (y qué no), qué dice la normativa europea, cómo elegir un suplemento con cúrcuma y las dudas más habituales.
La curcumina es solo un 3-5% del peso de la raíz, pero es la que le da el color amarillo y la que concentra casi todo el interés científico. Es un polifenol con actividad antioxidante, y hay bastante investigación preliminar sobre su papel en procesos inflamatorios, sobre todo por su efecto en vías como la COX-2 y el NF-kB.
Tiene un problema conocido: se absorbe muy mal por vía oral. La mayor parte de la curcumina que tomas se metaboliza y se elimina antes de llegar a niveles relevantes en sangre. Tomada sola, en dosis bajas y sin nada que ayude a su absorción, hace poco.
Por eso en formulación suele aparecer de dos maneras. O va acompañada de algo que mejore su biodisponibilidad, normalmente piperina (el alcaloide de la pimienta negra) o una forma liposomal, que hacen que se quede más tiempo activa en el cuerpo. O forma parte de una fórmula con varios ingredientes pensada para un objetivo concreto, donde trabaja junto a otros activos en vez de ir por su cuenta.
Es justo lo que pasa en los dos productos de esta colección: la cúrcuma no es la protagonista en solitario, es una pieza más dentro de una fórmula más amplia. En fem balance va junto a sauzgatillo y myo-inositol, pensada para el equilibrio hormonal. En gut day va junto a jengibre, enfocada en la digestión.
Conviene separar la tradición de lo que de verdad está demostrado en humanos.
El dato que más se repite, que la piperina multiplica por 20 la absorción de la curcumina, viene de un estudio de 1998 con solo 20 personas que nunca se ha replicado a esa escala. Estudios posteriores hablan de incrementos más moderados, entre el 300% y el 1.000%, según la dosis y la formulación.
Los ensayos clínicos en humanos suelen trabajar con dosis de entre 500 mg y 2.000 mg de curcumina al día. Eso queda muy por encima de lo que aporta cocinar con cúrcuma: una cucharadita de cúrcuma molida aporta entre 60 y 180 mg.
Hay cada vez más estudios sobre su papel en el confort articular, la digestión y la protección frente al estrés oxidativo, pero muchos son pequeños o de corto plazo. La evidencia sigue siendo prometedora, no definitiva.
Esto casi ninguna tienda lo cuenta, y nos parece que merece la pena ser transparentes: la EFSA todavía no ha aprobado ninguna declaración de propiedades saludables para la curcumina como ingrediente de un suplemento. Solo está autorizada como aditivo colorante (E100).
Sí ha fijado una ingesta diaria admisible de referencia: unos 3 mg de curcumina por kilo de peso al día, que para un adulto de 70 kg son alrededor de 210 mg. Se han dado casos puntuales de daño hepático ligados a un consumo excesivo de formulaciones con muy alta biodisponibilidad, así que tiene sentido respetar la dosis del fabricante y no sumar varios suplementos con cúrcuma a la vez sin consultarlo antes.
Si estás comparando opciones, hay algunas cosas que marcan la diferencia entre una fórmula bien pensada y una cápsula de cúrcuma molida sin más.
Lo primero es si el extracto está estandarizado en curcuminoides (al 95%, por ejemplo) o si es cúrcuma en polvo sin estandarizar, donde el contenido activo varía mucho de un lote a otro. Lo segundo es si lleva algo que ayude a la absorción, piperina, forma liposomal o un poco de grasa, porque sin eso buena parte se pierde. Lo tercero, y esto se nota menos pero importa, es si tiene sentido dentro de la fórmula: la cúrcuma rinde más combinada con ingredientes que apuntan al mismo objetivo (hormonal, digestivo, articular) que metida sola como reclamo de marketing. Y por último, fíjate en la trazabilidad: origen del extracto, certificaciones (vegano, sin alérgenos, sin gluten o lactosa) y que la etiqueta indique la cantidad real de curcuminoides, no solo el peso del extracto.
No del todo. La cúrcuma es la raíz entera; la curcumina es uno de sus compuestos (los curcuminoides), y es la parte responsable de la mayoría de los efectos que se estudian.
La EFSA pone el límite de referencia en torno a 3 mg por kilo de peso, unos 210 mg al día para alguien de 70 kg. En los ensayos clínicos se han usado dosis más altas, pero bajo supervisión. Para el uso normal, lo razonable es seguir lo que indica el fabricante y no acumular varios productos con cúrcuma sin preguntar antes.
Embarazo, lactancia, cálculos biliares, problemas de coagulación, o si tomas anticoagulantes o antiinflamatorios. En cualquiera de estos casos, mejor consultarlo con un profesional antes de empezar, porque la curcumina puede interactuar con esos tratamientos.
Porque la piperina de la pimienta negra ralentiza cómo el hígado elimina la curcumina, así que se queda más tiempo activa y se absorbe mejor que tomada sola.
Depende del objetivo y de la fórmula completa, no solo de la cúrcuma. En fórmulas pensadas para algo concreto (hormonal, digestivo), lo normal es empezar a notar algo a partir de la cuarta o sexta semana de uso constante, y resultados más claros hacia los dos o tres meses.
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